Buscador de temas en el blog

miércoles, 24 de julio de 2024

Ana Berker la jinete que une con su hazaña Bs AS- Otawa

Ana Berker
“Amazona de      las Américas” 


Ella se llama Ana Beker que realizó la hazaña de unir a caballo Buenos Aires con Otawa, superando al profesor

el argentino de origen suizo Aimé Félix Tschiffely, entre 1925 y 1928 que había unido Buenos Aires con Nueva York en sus dos caballos criollos Gato y Mancha.

Como suele suceder en nuestra historia argentina se destacan las acciones de los varones y se esconde u omite faenas similares por parte de las mujeres.

Cuando fantaseaba con la posibilidad de labrarse un nombre en el mundo de la equitación, siempre tenía que escuchar la misma estupidez: “Eso son cosas de hombres”.




El 1 de octubre de 1.950 Ana, que habia nacido en Lobería, provincia de Bs As comenzaba la hazaña: la inició desde Buenos Aires, a caballo, hacia la capital de Canadá, Otawwa. Llegó a su meta el 6 de julio de 1954, tres años, nueve meses y cinco días.tuvo que  luchar contra los prejuicios de la época, reivindicando el rol de la mujer argentina, mostrando su capacidad y.demostrando la equidad de género.

“¿Por qué haces lo que haces?”, le consultaron en ocasiones, y siempre la misma respuesta: “Porque una mujer puede realizar cualquier cosa que se proponga”.


Así se la conoció como «La amazona de las Américas».

Ana BerkerSu historia comienza desde su niñez.Vió la luz  el 16 de noviembre de 1916 en Lobería (Provincia de Buenos Aires), de padres  emigrados de Letonia; de allí su apodo de gaucha rubia,a los cuatro años ya se abrazaba a las patas de los potrillos que nacían y crecían en la chacra, luego  la familia se trasladó a la localidad de Algarrobo, Partido de Villarino, donde poseían una pequeña propiedad rural. Ana de niña se escurria por las noches para dormir en los establos y asegurarse de que no le faltara nada a los caballos. Fue creciendo y se convirtió en una amazona destacadaMontaba desde los 5 años y con apenas 12 había adquirido sobradas aptitudes para las tareas rurales, que desarrollaba a la par de los peones de la hacienda familiar.Amaba montar en pelo ni bien salía el lucero, sobre el lomo fresco del animal, mientras los grillos todavía cantaban a coro. Decía que los caballos eran nobles y desamparados, como los niños, que ponían sus fuerzas al servicio de las personas, sin dobleces, ni ambiciones, ni hipocresías, al revés que los seres humanos.

 La acusaron de entrometida cuando en una voleada de avestruces montó a la par de los hombres. Intentó correr una carrera cuadrera, pero debió renunciar ante las protestas de sus competidores.

Enamorada cono era de los caballos decide comenzar a  recorrer distancias, en el año 1940, a sus 24 años, la joven realizó su primera “travesia” efectuando una distancia de 1.400 kilómetros, desde La Pampa hasta Luján, montando un doradillo llamado “Clavel”, hazaña que concretó en diecinueve días. Luego, en dos caballos criollos que le hiciera facilitar el Presidente Roberto M. Ortiz (“Zorzal”, un overo azulejo, y “Ranchero”, un doradillo), recorrió durante diez meses, la geografía del mapa patrio, denominado entonces de “las catorce provincias”, en el 1942.

Ana ya venía soñando con el recorrido por América por lo fue a escuchar una charla de Aimé Félix Tschiffely, antiguo maestro de Quilmes, quien, como se sabe, realizó el camino de llegar desde Buenos Aires a Nueva York con los dos caballos, Mancha y Gato, animales que se hicieron famosos después de cumplir aquella marcha. Tschiffely hizo un relato ilustrado con proyecciones de su viaje a través de veintiún mil kilómetros por los pantanos, ríos, montañas, fangales, selvas y desiertos del nuevo continente. Al terminar la exposición, se acercó a Tschiffely, y le dijo que proyectaba viajar con un caballo de silla y un carguero hasta la capital del Canadá.  Le Tschiffely le aconsejó que no hiciese su travesía por Bolivia, dada la cantidad de ciénegas y desiertos de su geografía, a lo que Ana respondió: “Si usted pudo pasar, yo también podré”.

Una década le llevó a Ana Beker los preparativos para poder emprender su viaje a caballo a través de América y tuvo que  salir a pedir apoyo económico para un viaje que le costó algo más de 50 mil pesos.El plan de unir Buenos Aires con Otawa estaba en marcha. No fue ni fácil ni rápido concretar la empresa, los preparativos se tomaron dificiles.  Había que conseguir caballos, pertrechos y plata. Ana movió cielo y tierra para obtener apoyo económico, hasta llegar al despacho de la propia Eva Perón, que la aporto todo el apoyo que pudo incluso aportó fondos desde su fundación. .

Ana Berker y Peron


Ana Berker
Recibió el apoyo decisivo del entonces presidente Juan Domingo Perón, y de la “líder espiritual del pueblo argentino”, Evita Duarte de Perón. Ese apoyo le costó el ostracismo político y deportivo (al igual que a tantos hombres y mujeres) a partir del infame golpe de Estado cívico-militar-eclesiástico del 16 de junio de 1955.

La hazaña de Ana  comenzó el 1º de octubre de 1950 por una mujer sola hace ya cerca de sesenta años en Buenos Aires,vestía a la usanza gaucha, con bombachas y botas de potro, sombrero de campo y pañuelo visto al cuello, con el caballo alazán malacara “Príncipe”, que le fue obsequiado por el polista Manuel Estrada y el alazán “Churrito”, regalo de un criador de La Pampa, Pedro Mack, ambos equinos de siete años de edad aproximadamente.Partió desde el mojón cero de la Plaza del Congreso,  fue acompañada por una multitud de jinetes hasta su salida de la ciudad. Tomó la ruta 9 y poco después se produjo un accidente que dio en el suelo con ella, por lo que fue internada en el hospital de San Fernando. Pero Ana Beker se recuperó relativamente en poco tiempo, prosiguió la marcha hacia su NOrte.
Fue cruzando la provincia de Buenos Aires y la de Santa Fe, parando en los campos, le gustaba estar un buen rato junto al fogón, con el gauchaje, en las conversaciones tan animadas después del trabajo. No faltaba quien bromease, cuenta Ana: “¿Adónde va paisana, tan preparada como para no volver nunca?” Le decían: “Quédese nomás, que no andamos tan abundantes de gauchitas rubias por los pagos.

En Santiago del Estero el calor apretaba tanto que en una oportunidad al cruzarse con un changuito que cabalgaba sobre un burro llevando dos vasijas de agua decidió comprarle para sus caballos.

En Tucumán quedó asombrada por la belleza de la vegetación de esa tierra tan fértil. En Salta sintió orgullo de ser escoltada por unos gauchos “herederos de los famosos de Güemes, jinetes en óptimos caballos.

Tras completar los interminables trámites aduaneros en La Quiaca, pasó a Bolivia, donde todo su viaje cambiaría

Además de los caballos cedidos Ana  pudo realizar su camino gracias a que muchos gobiernos de los países por los que pasó, la ayudaron brindándole alojamiento y facilitándole la gestión.

Ana Beerker
Entre las anécdotas pasadas por  Ana Becker esta el pedido de matrimonio de un cacique,
como atraviesa sin dificultad la guerra civil en Colombia, su encuentro con un buscador de tesoros en el lago Titicaca y su escape de los cazadores de vicuñas. Vadeó tumultuosos ríos, se jugó la vida en ciénagas, despeñaderos y precipicios.Recorrió desiertos y arrostró sequías, lluvias torrenciales y tormentas de nieve. Pasó un frío glacial en altiplanos a más de 4.000 metros de altitud. También hubo días de calor implacable y de un sol tórrido. Durmió al raso, en grutas y en chozas de las que huían las ratas, cedidas por campesinos en su mayor deseos de ayudar.. Vio a curanderos realizar prodigios inexplicables. Sufrió insolaciones, hambre y penurias. Las garrapatas infestaron sus caballos y realizó con ellos jornadas de hasta 77 kilómetros diarios, lo máximo que les podía exigir. Vivió sismos y sintió la mirada glaciar de los jaguares.

Pasando "Oro Ingenio", a 3600 metros sobre el nivel del mar, para evitar un rodeo de muchos kilómetros, Ana decidió tomar un atajo por un cañadón. Lo recorría un río pequeño, que los caballos podían atravesar. Le advirtieron: “Que no la agarre el Angosto, pues entonces está perdida”. El río crecía de golpe y si la encontraba cruzando la cañada no había por donde escapar.
Ana Berker

Ana no pensó que pudiera sucederle, confiaba en su andar ligero. A mitad de camino comenzó a llover con fuerza. El viento rugía entre las paredes de piedra. Príncipe, uno de sus caballos, se negó a seguir marchando, incluso antes de que lloviera. El caudal de agua comenzó a aumentar y una hora después los caballos ya no podían seguir ascendiendo.

El día se oscureció de repente. Ana intentaba mantener la calma. Se hacía de noche. Decidió regresar. Los caballos ahora no podían seguir ni en un sentido ni en el otro. Lo única salida que les quedaba era escalar aquellas paredes de piedra. Lo hicieron en la oscuridad hasta alcanzar un peñasco alto y angosto, donde solo pudieron esperar de pie.

Dice Ana que, entonces, cuando se supo a salvo, perdió el aplomo. Lloraba y gritaba, cantaba para aturdirse y no pensar. Fue una noche eterna. Cuando finalmente comenzó a aclarar, estaba tan desorientada que decidió montar y soltar las riendas para que los animales fueran según su deseo.

La encontraron cuatro campesinos, que la llevaron hasta un lugar llamado Tres Palcas. Les pareció que habían encontrado un fantasma. Una mujer alta y rubia con la mirada perdida, abandonada a la voluntad de sus animales. Su poncho mojado la cubría como una mortaja. El rostro sucio. Temblaba, enferma de miedo y frío.

Avanzaba por la carretera que lleva a La Paz cuando vio venir un camión de frente. Como sabía que Churrito se asustaba con los camiones, se corrió a un costado y comenzó a hacer señas para que disminuyera la velocidad. El chofer no hizo caso y embistió al caballo, lanzándolo más allá de la cuneta. La sangre del animal salpicó a Ana, pintándola de rojo. Los huesos de la cadera de Churrito estaban unos pasos más allá. Ana se levantó enloquecida y corrió a abrazarlo. El caballo lanzó un relincho y murió.

Después de la tragedia, Ana se quedó en La Paz por casi dos meses. Necesitaba reponerse, conseguir otro caballo y estaba empecinada en que el chofer pagara sus culpas mediante un juicio que nunca llegó.
Ana Berker

Un diputado boliviano le regaló una yegua zaina de catorce años llamada Podre india. Con ella y Luchador, partió hacia el lago Titicaca. Montaba en la yegua porque no sabía ir de tiro. “Encabrestaba mal”, en palabras de Ana.

Cruzó el lago Titicaca por la parte más estrecha, a bordo de una canoa a vela del único barquero que se animó a trasladar los caballos.

Pasó a Perú el 14 de marzo de 1951. Conoció Cuzco y Machu Pichu. Debió vérselas con los cóndores, que volaban intentando asustar a los caballos para que cayeran por los barrancos y se convirtieran en su alimento.

Se encontró con cazadores furtivos de vicuñas con los que compartió jornada y fogón. Tuvo que cruzar el Altiplano, desértico y frío, donde la nieve y el hambre no le dieron tregua.

Los caballos marcharon desde las siete de la mañana hasta bien entrado el anochecer. Ana los vio caminar hasta desfallecer y, ya desesperados de hambre, morder un tronco de árbol, agarrar cualquier cosa verde que asomara entre las piedras, incluso comer su propia bosta, avergonzados.

Marchó hasta Nazca y luego a Pisco, el camino junto al mar la llevó hasta Lima. Pasaría en la capital casi dos meses. Ana estaba resuelta a cambiar los caballos. Transitar de Cuzco a Lima montando nada más que la yegua fue una odisea. Y Luchador, además, “hacía poco honor a su nombre”, en palabras de su dueña.

Mediante gestiones con el embajador argentino, consiguió que el ministro de Guerra le donara un caballo, que debía elegirlo ella misma en el Cuartel de San Martín. Cuando llegó, los oficiales estaban avisados. Fueron a revisar los caballos, pero todos los que le ofrecieron eran malos. Ana adivinó el engaño. Les dijo que no se decidía por ninguno, pero que regresaría en una semana.

Al día siguiente se presentó en el cuartel. Los buenos caballos habían aparecido como por arte de magia. Uno de los capitanes no podía para de reír al verla llegar: “Si siempre es así de lista, va a salir bien de todos los peligros”.

Tomó un alazán de cuatro años y medio, malacara, al que llamó Chiquito Luchador. 

En Bolivia estuvo dos meses perdida, entre sus montañas.Los inconvenientes con los caballos no cesarían. En Puerto Bolívar, al embarcar para llegar a Guayaquil, Chiquito Luchador se patinó y casi se quiebra una pata. En Vince el mismo caballo cayó al agua desde una canoa y debió luchar contra la corriente para salvar su vida.

En Quevedo los tres no pudieron hacer equilibrio sobre un puente de madera y también cayeron al agua.

En un camino apartado, que Ana tomó para ahorrar kilómetros, pasaron frente a ellos, como una ráfaga, un toro bufando con un puma prendido de su cuello. Los caballos estaban aterrados y también ella. Escucharon, en el monte, el
Ana Berker
 último mugido de la res.

Al día siguiente la salvaron unos cazadores. Cuando Furia fue atacada por el mismo puma y huyó a todo galope, ellos lo mataron disparándole en plena carrera. En una oportunidad le dieron albergue en una casa donde habia cinco hombres y cuando sospecho que podrían abusar de ella salió escapando por una ventana

En Zumbahua, Ecuador, un tramo difícil, un jefe del lugar dispuso que fuera acompañada por uno de los indios pues el trayecto a recorrer era a campo traviesa. No obstante, sufrió un intento de violación por cinco hombres sin consecuencias debido a que logró huir a tiempo.  Usó para defenderse su revólver y finalmente  que permaneció escondida en un matorral una noche muy fría. Alguien corrió a avisar al cacique indio, y éste revólver en mano, y por la fuerza de los puños hizo cierta justicia.

.Fue recibida por presidentes y homenajeada de mil maneras a su paso, en desfiles, en clubes hípicos, en hipódromos, en corridas de toros. Pasó de dormir en ranchos, cuarteles e incluso cárceles, a hacerlo en las fincas más opulentas de los más diversos países. 

Llegó a Panamá en barco, allí le dieron trato de “heroína”

Entre Costa Rica y Guatemala, la robaron unos bandidos. En México volvieron a asaltarla, pero ningún percance fue capaz de detener a esta  mujer durante los años que duró su  aventura.Participó de la cacería del jabalí, que es allí uno de los principales alimentos.

Pasó a México preocupada por el estado de Furia y Chiquito, tenían los lomos lastimados por las monturas. Recibió toda clase de atenciones por parte de los distintos grupos de charros, jinetes de anchos sombreros picudos, chaquetillas cortas y brillantes y pantalones ajustados, de gran tradición en el país.

La recibían en cada ciudad dándole alojamiento y comida para sus caballos y la acompañaban en sus trayectos de un pueblo a otro. También fue recibida por el presidente: se hicieron festivales en su honor, con exhibición de habilidades ecuestres, piales, manganas a caballo, monta de novillos, paso de la muerte.


Ana Berker
Terminó  su hazaña el 6 de julio de 1954, nada la detuvo, nada la amilanó por lo que Ana Becker desmontó frente a la embajada argentina en Otawa en compañía de los caballos “Chiquito” y “Furia”, reemplazantes de los caballos iniciales. Perdió sus caballos: “Príncipe” a consecuencia de un cólico, al ser mal alimentado en un descanso, y “Churrito”, atropellado por un camionero que se dio a la fuga. Para reemplazar al primero le llegó el tordillo blanco “Luchador” y para sustituir al otro le entregaron una yegua a la que llamó “Pobre India”. Ya en Lima, en mayo de 1951, le obsequiaron un caballo del ejército al que nombró Chiquito, donando a Luchador a un Club Hípico y luego obtuvo a Furia. En la frontera peruano-ecuatoriana entregó a Pobre India. Fueron Chiquito y Furia, dos ejemplares peruanos, sus compañeros durante el resto del camino proyectado. En este largo recorrido de 25.000 kilómetros, Ana Becker atravesó Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y de Texas (Estados Unidos) volvió a partir rumbo a Nueva Orleáns, Washington, Nueva York y Montreal (Canadá) hasta llegar a Otawa, luego de emplear 3 años, 9 meses y 5 días para cubrir la distancia.

En las distintas ciudades canadienses grandes y niños formaban en doble fila para victorearla y para contemplar su paso. Era un acontecimiento cívico popular. El día domingo, como no trabajaban, fue una multitud la que asistió a este desfile, repetido en todos los pueblos que atravesaba. La gente de los distintos pueblos se daba cita espontáneamente para ver la Amazona Argentina marchar por las calles de sus ciudades en su camino al norte. Hubo una transmisión por Radio Canadá desde el interior de la sede diplomática Argentina. Y los  caballos recibieron una ración generosa de alimento, pues eran también dos héroes.

Ana Berker


Ana dejó en un libro los detalles de su travesía acompañado de mapas y anécdotas, editado en 1957, por la editorial La Isla dentro de la Colección La Aventura del hombre. Relatos de la historia real.por la editorial porteña La Isla, del hombre. Relatos de la vida real”

"Amazona de las Américas"  como fue bautizado es un libro de viajes con minuciosos datos sobre periodistas, medios, y gobernantes que encontro en su camino, se lee como una novela de aventuras . Sin embargo carece de datos sobre nuestra heroína. 

Este libro en 1955 se lo incluyó  en la lista de perseguidos y perseguidas por su filiación peronista..

En este libro expresa: “En todos los países se me trató muy bien y fueron muchas las personas, políticos y periodistas que supieron recibirme y ayudarme. Los niños de las escuelas en innumerables localidades me esperaban y al pasar me tiraban flores, recibimiento tan sencillo como elocuente. En Méjico me esperaron muchas bandas de música con sus alegres canciones. En Nueva Orleáns me entregaron la llave de la ciudad y me nombraron ciudadana honoraria, acompañándome en casi todas las rutas de los Estados Unidos, policías montados para resguardarme del tránsito».En Washington fue recibida por la señora del presidente Eisenhower, y visitó la Casa Blanca. En Nueva York pasó por el Central Park y delante del Empire State


Ana Berker

El 27 de noviembre de 1954 retornó a la Argentina a bordo del vapor Río Tercero, de la Flota Mercante Argentina. Con el correr de los años su salud fue empeorando y tuvo que ser internada en el Hospital Español de Lomas de Zamora, donde permaneció un tiempo, hasta que su familia, residente en Bahía Blanca, decidió trasladarla a dicha ciudad donde falleció en un geriátrico el 14 de noviembre de 1985. Sus restos fueron trasladados a Algarrobo y descansan en el cementerio de esa localidad.

Su proeza no fue superada hasta el presente.Como enhebrando perlas en un collar unió las tres Américas.

Ana Berker


En  la Revista “Mundo Argentino”, (21/07/1954) se le hizo una nata principalmente usando las cartas que Ana había enviado a su amiga Virginia Salussoglia

Ana Berker












Ana tiene sus dos pequeños homenajes, en Algarrobo, pueblo que la vio crecer y desarrollarse, se la recuerda  con su nombre a la plaza pública, descubriéndose en ella una placa en su memoria el 13 de diciembre de 1994 Y en Lobería, una calle lleva su nombre..


Ana Barker















Fuente: revisionistas.com.ar





lunes, 12 de febrero de 2024

Primera Santa Argentina

Mamá Antula primera santa argentina
 

La historia             
de Mamá Antula,

la primera santa

argentina

Hasta el momento, la Argentina cuentaba con cuatro santos en su historia: san Héctor Valdivielso (canonizado en 1999), san José Gabriel del Rosario Brochero (en 2016), santa Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús March (en 2018) y san Artémides Joaquín Desiderio María Zatti (canonizado en 2022)

8 de los 15  Beatos han sido proclamados durante el pontificado de Francisco: se trata de Enrique Angelelli Carlos de Dios Murias OFMConv Gabriel Longueville Wenceslao Pedernera María Antonia de Paz y Figueroa (Mama Antula) Catalina María de Rodríguez Gregorio Martos Muñoz Fray Mamerto Esquiú OFM que esperan su turno de canonización. Y otros tantos beatos ya habían sido nombrados con anterioridad: Beata Laura Vicuña, laica (1891-1904). Beato Artémides Zatti, coadjutor salesiano (1880-1951). Beata María del Tránsito de Jesús Sacramentado (Madre Cabanillas) (1821-1885), fundadora de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas. Beata María Ludovica De Angelis (1880-1962). Religiosa de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia. Beato Ceferino Namuncurá (1886-1905), laico adolescente aspirante al sacerdocio en la Sociedad Salesiana de Don Bosco. Beata María Crescencia Pérez (1897-1932), religiosa de la congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto.




A partir del 11 de febrero de 2024 María Antonia de Paz y Figueroa  se convertió en la primera santa del país, luego de que el Papa Francisco autorizara la promulgación del decreto de un milagro atribuido por su intercesión. La vida de una mujer adelantada a su tiempo, protagonista del siglo XVIII, que nació en Santiago del Estero en 1730 y murió en Buenos Aires 69 años después.

María Antonia de Paz y Figueroa había nacido  en Villa Silípica, en el seno de una familia acomodada. Convivió en un país colonial con una concepción de vida patriarcal, de rangos jerárquicos, que esperaba de ella y del resto de las mujeres que oculten y silencien cualquier vestigio de independencia y rebeldía como incluso saber escribir y leer.  Se rebeló al mandato cultural del siglo XVIII y al credo familiar que respetaba los estereotipos femeninos de la época: a los quince años desafió a su padre al avisarle que no se casaría ni sería monja.
En los albores de la patria decidió vestirse de varón y ser laica jesuita. La rebeldía le causó secuelas: la expulsaron de su casa. Se instaló en el beaterio de los jesuitas. Rechazó su apellido, renunció a la riqueza de su familia, adoptó el nombre de María Antonia de San José. “Siendo aún joven, pronto entró en contacto con la espiritualidad ignaciana. En 1745 vistió el hábito de ‘beata’ jesuita mediante la emisión de votos privados y comenzó a llevar vida comunitaria junto a otras consagradas. Bajo la dirección del padre jesuita Gaspar Juárez, se dedicó a la educación de los niños, al cuidado de los enfermos y al socorro de los pobres”.
Hacia 1767, volvería a sublevarse ante los preceptos establecidos. Reforzaba su rol de mujer empoderada, disruptiva. Se había comprometido a una misión, había abrazado la campaña de la Compañía de Jesús, expulsada de América y España: a partir de entonces, el trabajo social y espiritual de los jesuitas estaba completamente vedado.  Quería seguir llevando la palabra de dios a través de los ejercicios espirituales del apostolado.
Mamá Antula primera santa argentina


“Ya con 37 años, perseveró en su intención de seguir organizando cursos de Ejercicios Espirituales. Entre 1768 y 1770, los participantes vivieron el tiempo de retiro durante varios días, recibiendo orientación y reflexionando sobre sus vidas. Para este proyecto contó con el pleno consentimiento de su confesor y del Obispo de la ciudad de Santiago del Estero, donde abrió una casa”.
Mamá Antula primera santa argentina
Una meta era llevar a dios a donde no lo conocían. Desde Silípica hasta
Loreto, Salavina, Soconcho, Atamisqui, las provincias de Catamarca, La Rioja, Jujuy, Salta y Tucumán. Caminó más de cuatro mil kilómetros descalza por todo el virreinato para continuar con el legado a pesar de la prohibición. Su misión era visitar las regiones pobres del nordeste argentino para promover los ejercicios espirituales y en apenas ocho años, consiguió ofrecer los ejercicios espirituales a setenta mil personas.
Su método consistía en llegar a un pueblo, presentar los permisos ante las autoridades y dictar un curso de diez días de duración ante cualquier interesado, sin importar escalafón social. Llegó a Buenos Aires en septiembre de 1779, después de un arduo viaje. El Virrey y el Obispo le negaron el permiso para dictar los cursos de ejercicios, hasta que los retiros empezaron a proliferar y alcanzaban una espiritualidad profunda entre los fieles. Los grupos crecían hasta los 200 integrantes. El Obispo advirtió este fenómeno, cambió de opinión y autorizó a Mama Antula al ejercicio de sus cursos. Tanto que inició la construcción de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales en la Avenida Independencia 1190 en Buenos Aires

Mamá Antula primera santa argentina
“Peregrinó de puerta en puerta con el fin de recaudar fondos para la construcción de la Casa de Ejercicios. Sus esfuerzos también fueron conocidos en Francia y su epistolario fue traducido posteriormente a varios idiomas”
 En su Casa de Ejercicios Espirituales participaron varios próceres de la independencia, como Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga y hasta el Virrey Santiago de Liniers.

Murió en 1799 e inicialmente fue enterrada en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced de la calle Bartolomé Mitre de Buenos Aires, luego trasladada a la Basílica de Santo Domingo y finalmente conservada en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced de Buenos Aires. A su muerte se calcula que entre setenta y ochenta mil personas se habían beneficiado de la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.
El grupo de mujeres que la acompañaba se convirtió en 1878 en la congregación religiosa de las Hijas del Divino Salvador, que hoy desarrolla sus tareas apostólicas en varias provincias.

Los ejercicios espirituales nacen de la experiencia personal de San Ignacio de Loyola, peregrino en búsqueda de la voluntad de Dios.

Puso por escrito algunas de las cosas que le habían ayudado personalmente, para poder así ayudar a otros. Por eso los ejercicios son también un libro escrito en un estilo conciso, dirigido sobre todo a quien los da. Tienen mucho de método y de pedagogía.

Desde hace cinco siglos han sido un modo de ayudar al encuentro con Dios en la propia vida, en el camino único e irrepetible de cada persona. Por eso los ejercicios acaban siendo una experiencia que marca un antes y un después en quien los hace.
Los ejercicios espirituales se hacen para tomarse el Evangelio de Jesucristo en serio.
Para romper las ataduras interiores que nos impiden ser verdaderamente libres para amar.
Para descubrir el verdadero rostro de Dios, el que nos enseña Jesús.
Para percibir el modo concreto en que Dios nos invita a amar y servir. 
Para no contentarnos con una vida mediocre, a medio gas, y llenarla de todo el sentido. 
Para ir más allá de las ideologías, de las buenas intenciones, de las emociones pasajeras y 
saborear una verdad gozosa que permanece…

Los Ejercicios Espirituales no son para gente buena, que además se lo sabe, y no siente el

 aguijón de un “más”. No son para espíritus conformistas, ni para aquellos que lo quieren

 todo sin renunciar a nada.

Son para gente capaz de poner en juego lo que tiene para perseguir lo que ama, con un 
talante emprendedor y arriesgado en correspondencia con una apuesta existencial de gran
 calado.
Gente sedienta de conversión profunda porque sabe que necesita algo más y algo distinto, 
o está atravesada por la búsqueda y el anhelo de lo que Jesucristo promete.
Los Ejercicios requieren de la persona cierta estabilidad emocional, compromiso para 
mantener los tiempos de oración personal y capacidad para  interiorización.


































Dos milagros convirtieron a "Mama Antula" en la primera santa argentina

La curación de la hermana religiosa Vanina Rosa en 1905 fue el primer milagro atribuido a Mama Antula, en tanto que la recuperación de un hombre de un accidente cerebrovascular a comienzos del siglo XIX constituye su segundo milagro por el cual será canonizada. Para que una persona sea beatificada y -posteriormente- canonizada por la Iglesia Católica, "se lleva un proceso canónico establecido por normas y leyes de la iglesia con Juan Pablo II".

María Antonia había sido beatificada en 2016 en Santiago del Estero luego de que el Papa autorizara la publicación de un milagro por la sanación de una religiosa de las Hijas del Divino Salvador, quien habría recuperado la salud en el año 1905 por intercesión de la fundadora y madre espiritual de esta congregación

"Se hizo una validación, tuvimos que dar certezas bajo juramento que se llevan a Roma (Italia) y había que presentar el milagro certificado", señaló Ojeda de Río.

Esta beatificación permitió que Mama Antula fuera reconocida en los templos de Argentina, donde "se podía poner una imagen de ella"

En tanto, destacó que para la segunda instancia, se necesitaba probar "otro milagro más, que de ser reconocido por la Iglesia, le da la posibilidad de ser canonizada", y reconocida en todo el mundo.

Ese segundo milagro -señaló Ojeda de Río-, "ocurrió hace 200 años en

Mamá Antula primera santa argentina

la provincia de Santa Fe, con la curación del señor que tuvo un accidente cerebrovascular (ACV) que lo dejó en un estado muy difícil y serio por lesiones que, según los médicos, no se iban a poder curar".

Entonces, "le rezaron a María Antonia y se produjo el milagro de su curación. La historia clínica fue enviada a Roma para ser evaluada por nueve médicos distintos de otras partes del mundo".

"Esos médicos consultados no encontraron explicación lógica a la recuperación, el Vaticano lo volvió a analizar y estableció lo que hizo (Jorge Mario) Bergoglio, que afirmó que esa curación de debió a la participación milagrosa de María Antonia".

Nuestras Casas de Ejercicios ofrecen la posibilidad de hacer ejercicios espirituales en retiro, en un ambiente de silencio y tranquilidad que favorece la reflexión y la oración

En nuestra Casa de Buenos Aires algunas mujeres solteras o viudas que querían resguardar su vida virtuosa tomaban los votos para convertirse en Beatas, pero también el beaterio fue utilizado para encerrar niñas rebeldes como Mariquita Sanchez cuando se nego a casarse con  el candidato de sus padres y también se dice que Camila O´Gorman ocuparía una celda por intersección de su amiga Manuelita Rosas.

jueves, 1 de febrero de 2024

Amalita Lacroze de Fortabat la mujer más rica de Argentina

 

Génesis y


 desarrollo de

   

La dama de cemento


Niña nacida en cuna de oro María Amalia Sara Lacroze Reyes Oribe  nació en 1921. Por parte de la familia de su madre descendía del segundo presidente de Uruguay, Manuel Oribe. Su abuelo, Federico Lacroze, construyó los primeros tranvias en la capital argentina en la década de 1880.


De acuerdo a Amalia, al cumplir un año la familia se trasladó a París, donde habría aprendido su primer idioma, el francés.​ Su segundo idioma fue el inglés y por último, el español. Amalia recibio una esmerada educación, realizó sus estudios primarios en la Escuela Superior de Niñas Onésimo Leguizamón, y en su adolescencia concurrió durante cuatro años al Colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús,​ una institución franco-española de monjas.​ Su deseo de estudiar medicina al igual que su padre «¡Hizo que la familia se horrorizara de sólo pensar que iba a ver cuerpos desnudos de hombres muertos!», manifestó. De todos modos llegó a ejercer esporádicamente como enfermera en un hospital para mujeres.

Durante su juventud, especialmente a partir de su presentación en sociedad en 1939, asistió con frecuencia a cenas de beneficencia, desfiles de caridad y celebraciones en lujosos salones  destacándose.

Ya para  1941, se habia convertido en un ícono de la moda de la alta sociedad, y  se comprometió con el abogado Hernán de Lafuente Sáenz Valiente.  Ambos jóvenes asistieron a una función organizada por una comisión fundada por Adela Leloir Unzué de Rodríguez Larreta para colaborar con pobres del norte argentino. Paralelamente, concurrió con su madre y su hermana a una gala a beneficio del Patronato de Leprosos en el Teatro Politeama y al discurso ofrecido por Walt Disney en su visita a la Argentina

En septiembre de 1942, contrajo matrimonio con de Lafuente y partieron de luna de miel a Estados Unidos,​ y en 1944 nacería su única hija, María Inés,​ que les dio a su vez tres nietos. María Inés Lafuente,  tuvo dos hijos de su primer matrimonio con Julián Bengolea Madero: Alejandro y Bárbara Bengolea y  luego contrajo matrimonio con Julio Aurelio Amoedo y tuvo una hija, Amalia Amoedo.


La historia de amor de Amalita y 
Alfredo Fortabat se inició en agosto de 1941 en una función de caridad. Ella  comprometida y  Alfredo 28 años mayor y casado. Lacroze y de Lafuente fueron invitados por Alfredo Fortabat a navegar por Tigre en su yate
personal. Y  luego el empresario encontraria otros motivos para reunirse.​ Al momento de su boda en 1942, Fortabat que fue invitado a ella pero  admitió: «No pude soportar ir a su casamiento» y en cambio, le envió una pulsera de oro de una de las joyerías más costosas de Buenos Aires.​ Mientras el matrimonio de Lafuente-Lacroze se hallaba de vacaciones en Europa en 1947, Fortabat, todavia casado con Elisa Corti Maderna, los siguió sin que lo supieran. Durante una fiesta en París simuló encontrarlos casualmente y sacó a bailar a Amalita y le confesó su amor.



Alfredo Fortabat
Pourtalé descendía de parte de la comunidad francesa que se instaló en Azul cuando todavia no habia llegado el tren  y los recuerdos de los indios eran recientes y luego en Olavarría iniciando su prosperidad con la explotación ganadera hasta que descubren que estaban parados sobre una importantisima reserva de cemento,  así se formó en 1916 Loma Negra. Desde sus inicios se vinculó con el estado y la obra pública no importaba de que color político fuera y sea de origen democrático como dictatorial, la alianza económica se mantuvo hasta el final.

 Alfredo Fortabat decidió apostar a la industria cementera.Su empresa Loma Negra, se convirtió en la líder de la producción de concreto en Argentina durante las décadas de 1950 y 1960.

Tanto la separación de  Amalia como la de  Alfredo  escándalizaron a la clase alta porteña.

En 1948, la esposa de Fortabat, La Negra, enterada de la aventura amorosa de su marido, contrató un abogado para embargarle los bienes en común, pero don Alfredo se adelantó, se enteró de que no había ninguna posesión a su nombre debido a un traspaso de acciones fraudulento efectuado por su esposo.​ Como consecuencia de la estafa, la fortuna construida junto a Corti Maderna  quedaría para Amalita.

La pareja se caso en Uruguay, en Las Vegas, en San Francisco, en Los Ángeles, en París y en México pero tendran que esperar a la Segunda Presidencia de Perón cuando aparezca por un breve tiempo la posibilidad del divorcio siendo una de las pocas parejas en legitimar su unión de esta manera.

 La primera obra en Olavarría de Amalita fue un jardín maternal para los hijos de los empleados de la empresa de su marido y una escuela para las madres semianalfabetas. En Loma Negra surgió para sus empleados un barrio de viviendas, escuela, iglesia, campo de deportes, proveduría de consumo, consultorio médico de primeros auxilios.






La facilidad de Amalia para hablar varios idiomas y su sociabilidad le permitieron ser una compañera frecuente en los viajes de negocios de Fortabat al extranjero​ 

Para principios de los años 1960, opinaba sobre el futuro de la fábrica, participaba en operaciones y realizaba sugerencias sobre el desarrollo industrial y la acción social.​ Supervisó personalmente la construcción de la Parroquia Santa Elena en la Villa Alfredo Fortabat de la localidad de Loma Negra, con ayuda de los arquitectos Jorge de la María Prins y José Olivera.​ Por pedido de Lacroze, en marzo de 1963 Fortabat donó una propiedad a Olavarría para establecer la Escuela Nacional de Educación Técnica n.º 1 «Luciano Fortabat», a cuya ceremonia de inauguración concurrieron funcionarios municipales, provinciales y varios del gabinete nacional. Poco después, convenció a su esposo de donar su casa natal en Azul para convertirla en una escuela de arte.


Por otro lado, también, queda fijado ese dicho porque su actividad filantrópica y social fue muy activa durante toda su vida. En Olavarría, tanto con los empleados de la fábrica, como con el resto de los habitantes de la ciudad, los Fortabat fueron generosos y muy atentos a cubrir las necesidades puntuales. Más allá de grandes donaciones o de la construcción de edificios de uso público, los Fortabat durante décadas colaboraron con los gastos médicos de las familias ante situaciones de emergencia o extremas, consiguiendo los mejores médicos del país, prótesis del extranjero o afrontando costosas tratamientos. También repartieron numerosas becas para que los empleados y sus hijos pudieran formarse en distintas universidades e institutos. De hecho la Fundación Fortabat se centraba en el aspecto educativo- formativo y el de salud.

El 19 de enero de 1976 Alfredo Fortabat falleció a los ochenta y un años a causa de un accidente cerebrovascular, tras un golpe producto de un incidente automovilistico. Amalita heredó sus bienes en una suma millonaria que incluía:

  •  160 000 hectáreas con 170 000 cabezas de ganado.
  • Una finca de 160 hectáreas en  Virginia (Estados Unidos).
  • Cinco empresas cementeras.
  • Un dúplex sobre Avenida del Libertador, una casa en San Isidro, una casona en Mar del Plata, el edificio donde se hallaba la sede de Loma Negra en Diagonal Norte 634 y un dúplex en el hotel The Pierre en Nueva York.
  • Dos aviones, un helicóptero, un barco y varios automóviles.
  • Obras de arte, una emisora radial y una planta de inseminación artificial de ganado.
Bolsa de cemento de Loma Negra.

En tan solo tres días Lacroze pasó a ocupar el cargo de presidenta de Loma Negra.​ Mantuvo el luto durante cinco meses  y luego se entregó a una febril actividad desde temprano a la mañana hasta las 20 hs aproximadamente.

En los primeros años al frente de Loma Negra obtuvo la concesión para suministrar el cemento de las grandes obras que encaró la dictadura de Jorge Rafael Videla. La construcción de las autopistas de la ciudad de Buenos Aires y la remodelación de los estadios para el Mundial de fútbol de 1978. En 1980, el entonces ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz decretó un aumento del 20% en el precio del cemento favoreciendo a la empresa de Fortabat. Finalmente en 1982, cuando la dictadura decide a instancias de Domingo Cavallo estatizar la deuda privada, Loma Negra se ve nuevamente favorecida.

Para cuando se recuperó la democracia en nuestro país, Amalita había triplicado la fortuna de su patrimonio recibido.

Aparte de recibir cinco establecimientos con Loma Negra —Olavarría, Barker, El Alto, San Juan y Zapala— en distintas provincias, abrió una molienda en la Isla Yacyretá, compró la fábrica Corcemar en el pueblo de Pipinas e inició los planes para la construcción del embalse Piedra del Águila sobre el río Limay. También se ocupó del proyecto del Puente Internacional San Roque González de Santa Cruz​ y en octubre de 1976 proporcionó la financiación necesaria para que el Estado construyera el puente Conmemoración del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, que cruza la avenida Figueroa Alcorta y une el Museo Nacional de las Bellas Artes con la Facultad de Derecho en Buenos Aires.

​Su obra social no se limitaba a Olavarría , la fundación Fortabat tambien  sostuvo  económicamente a comedores localizados en La Matanza, Berazategui, Sarandí y Gregorio de Laferrere.

En 1982, después de  la Guerra de Malvinas llegó a  ofrecer un plan de ayuda consistente en becas, subsidios, atención médica y viviendas para excombatientes de la Guerra.

 Por medio de la fundación se llevó a cabo la construcción del Pabellón de Pediatría del Hospital Municipal Coronel Olavarría y la renovación del equipo para tratamiento de radioterapia del Hospital de Oncología Luciano Fortabat

Bajo el gobierno de Raúl Alfonsín durante la década del ’80 Loma Negra fue la proveedora exclusiva para la construcción de las represas de El Chocón, Dique Arroyito, Casa de Piedra, Yacyretá y Salto Grande. Hacía fines de la década y al acercarse las elecciones de 1989 Amalita decide apoyar económicamente la campaña de Carlos Menem. Esto le traería réditos en los años posteriores.No tuvo una participación destacada en las privatizaciones llevadas a cabo durante esa década. Solo obtuvo la concesión del ferrocarril de carga Ferrosur de la línea Roca y de EDEA, distribuidora de electricidad de la provincia de Buenos Aires.

Por esos años, dónde tuvo alguna disputa (más mediática que real) con Hernestina Herrera de Noble, decidió incursionar en el negocio de los medios de comunicación. Invirtió dinero en el diario La Prensa, el diario Tribuna de  Olavarría, Radio El Mundo y FM Horizonte. Sin embargo al poco tiempo abandonó todos estos proyectos.

En 2000 delegó la mayoría de sus funciones en Alejandro Bengolea, su nieto y su hermana. Sin embargo, incapaces de sanear las cuentas,  abandonaron Loma Negra el cargo en 2002.

Otra muestra de su contacto con el poder: una de las últimas audiencias oficiales que brindó De la Rua como presidente, en plena crisis de diciembre de 2001, fue a Amalita que estaba preocupada por las deudas que su empresa acumulaba por la crisis económica: hasta el final trataba de mover la lapicera del presidente de turno para que firmara decretos y resoluciones en su favor.


En poco tiempo, Amalia triplicó el patrimonio de esta compañía y, según la revista Forbes, se convirtió en la mujer más rica de Argentina, con un patrimonio calculado en 1.800 millones de dólares, y la tercera fortuna más grande del país.

No volvió a casarse. Pero se le adjudicaron romances con Juan José Camero, Alberto de Mendoza, Palito Ortega, y durante años, con el coronel retirado Luis Prémoli.

En 2005, saneada Loma Negra la vendió al grupo brasileño ‘Camargo Correa’ por cerca de mil millones de dólares. Luego de dejar la cementera, dedicó su vida de lleno  a la filantropía y el arte. 

En 2008 la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat llegó a buen Puerto. Con la creación del Museo que lleva su nombre. Finalmente, luego de más de ocho años de trabajos, interrumpidos por diferentes circunstancias, el emblemático edificio diseñado por el uruguayo Rafael Viñoly, abrió sus puertas sobre el Dique Cuatro de Puerto Madero, frente al barrio de Las Catalinas, para albergar en sus entrañas la colección de una empresaria que ayudó a construir la historia de la Argentina y que apoyó a las artes plásticas y, fundamentalmente a los artistas, como activa coleccionista y como directora del Fondo Nacional de las Artes a lo largo de diez años.


Finalmente en 2012 a los 90 años falleció en su casa de Buenos Aires.

miércoles, 24 de enero de 2024

Carmen Guillot cuando la injusticia y el desaparo lleva al crimen

 

Cuando la vulnerabilidad legal

de una mujer la convierte en asesina


La dependencia legal de la mujer al marido, ha generado situaciones criminales como medio de
liberarse de las imposiciones masculinas. 
En el momento más alto de interés por la criminalidad, los delitos cometidos por mujeres no recibían la misma atención. En el decenio 1900-1909, sólo un 5.85 % de los criminales aprehendidos eran mujeres. Conforme el primer censo carcelario de 1906, las imputadas por delitos contra la propiedad, infanticidios y abortos formaban el grueso de la población carcelaria femenina. Para 1909, el anuario estadístico de la ciudad de Buenos Aires ponía en evidencia que sólo el 10 % de los delitos cometidos por mujeres eran homicidios.

En las ediciones que cubrían los delitos comprendidas entre 1890 y 1915, los expertos que se ocuparon de la criminalidad femenina, la asociaron a la falta de instintos maternales, la iniciación sexual temprana o la exaltación de sentimientos pasionales.


En este contexto, el 19 de julio de 1914, un crimen  en Barrio Norte conmovió a la opinión pública.

Inicialmente todo indicaba que se trataba de un homicidio en ocasión de robo, ya que la billetera de Francisco Carlos Livingston, el contador del Banco Hipotecario, el señor de la casa que, al ingresar a media noche a su departamento es sorprendido en el vestíbulo por dos hombres que lo apuñalan con inusitada saña, 36 cuchilladas.

“El crimen de la calle Gallo 1680″

Aparentemente esa noche regresaba sólo como era habitual de una cena en casa de su hermana y cuñado. Llevaba nueve años casado con Carmen Guillot -casi veinte años menor que él – y cinco hijos. Livingston era un hombre autoritario y violento, ella lo había denunciado cuando vivían en Belgrano pero las fuerzas estatales no hicieron nada por ella.

Nada hizo sospechar al comienzo de la viuda;  aunque había algunos detalles raros como el hecho de que se encontrara encerrada en su pieza desde fuera. Livingston que fue el mismo que la incitó a abandonar el hogar paternal a sus 18 años, la poseía con violencia, le negaba visitar a sus padres, le daba solo tres pesos para que se arreglara con los gastos diarios, que debían cubrir a los cinco hijos, el portaba un bastón de caña de Malaca que usaba como símbolo de hidalguía en público, pero en la casa lo usaba para golpear a Carmen.

Él era habitué del Jokey Club, el Hipódromo de Palermo y otros lugares propios de la aristocracia porteña, donde se presentaba sólo  y él que era tan  avaro con su familia se lo veía despilfarrar dinero en público y también con prostitutas, algo que en ese entonces no era condenado sino  era considerado un comportamiento masculino normal.

Que miedo tendría esa mujer que ni siquiera pensó en dejar a Livingston, por otra parte en aquel momento el matrimonio se pensaba hasta la muerte. Acaso hubiese Carmen intentado una acción de divorcio de no existir las trabas que imponía nuestro código civil de entonces.

Carmen Guillot era una mujer maltratada; Livingston era un ser brutal y despótico. Harta ya, tramó junto a Catalina, su criada, el asesinato de su marido.


Si bien los primeros indicios orientarían a la policía a un robo, ya que al muerto le faltaba la billetera, al comisario Ruffet le llamó la atención el grado de ensañamiento por un simple robo. Además, la víctima aún tenía su reloj de oro, ni la lapicera de oro del señor, esto empezó a hacer dudar a los investigadores policiales. Y se encontraron los cuchillos para fileteado de pescado que usaron los asesinos, cuando fueron al mercado más cercano encontraron la criada conversando animadamente con el pescador que era proveedor de la casa Salvatore Vitarelli. Interrogadas las mujeres confesaron, Carmen habría pagado a dos conocidos del pescador, dos inmigrantes italianos, analfabetos y desocupados.

36 puñaladas, dos sicarios y un asesinato por encargo: el crimen que derivó en la última pena de muerte ejecutada en Argentina


Juan  Bautista Lauro y Francisco Salatto  fueron sentenciados a pena de muerte (la última en nuestro país aplicada en crimenes comunes), fueron fusilados  en el patio de la Penitenciaría Nacional, la pena de muerte había sido abolida en el país por la Asamblea del Año 13. Sería reimplantada en el Código Penal de 1886. 

 A Carmen y el pescador se los penó con reclusiń  Perpetua y a ella además el aislamiento durante 20 días en cada uno de los aniversarios del delito (castigo extra que no aparece en ningún código penal procesal) y a Catalina le dieron 15 años.

El caso sirve para retratar un continuo entre victimización y criminalización, en el que la falta de respuestas legales en los ámbitos domésticos, llevaba a las mujeres a recurrir a instancias que luego eran penalizadas.

Influía una legislación que establecía la inferioridad jurídica de las mujeres, pero también una idea arraigada de la mujer como propiedad del marido.