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domingo, 30 de abril de 2023

Las catalinas de Buenos Aires

 Primeras monjas en Buenos Aires. Dominicas de Santa Catalina de Siena.

Primeras monjas en Buenos Aires





Primeras monjas en Buenos Aires

Mi inquietud es la de conocer como vivió, pensó y actuó la mujer en el pasado y en este trabajo concretamente, quienes eran, cuales fueron las motivaciones y como fue la vida de las primeras monjas de Buenos Aires.

No es una labor fácil porque la historia oficial solo daba lugar a acontecimientos políticos y militares donde solo cabia lugar para los hombres,  alejarme de las visiones cuantificadoras y biográficas. Es necesario comprender la historia como producto de la acción colectiva de las sociedades, y ahí entran las mujeres anónimas, aquellas que no trascienden por proezas o hazañas, sino simplemente por ocupar el lugar asignado para ella dentro de la sociedad.Tampoco concibo hacer historia anclada en el pasado, sino hacer una historia viva, retrocediendo y adelantandose en el tiempo para buscar explicaciones, continuidades y diferencias.


Imagen colonial de la iglesia de Santa Catalina

Necesito entonces, analizar la sociedad en la que se enmarcó la fundación del monasterio de las monjas dominicas de Buenos Aires, el de Santa Catalina de Siena y el lugar que en ella se le cedía a la mujer, para entender su por qué, a la vez que conocer las catalinas del presente para comprender las del pasado.

Los reyes católicos inicialmente negaron la posibilidad a las mujeres de transladarse a América para fomentar la mestización y de alguna manera difundir la fe católica, hasta que llegó la noticias de ciertas inclinaciones por la poligamia por parte de los conquistadores. Para crear verdaderas familias cristianas y propagar la fe tuvo que enviar mujeres, algunas de los conquistores, sus hijas y otras jóvenes de impecable moral que se esperaba se casaran con los solteros, por lo menos en lo alto de aquella nueva sociedad que se pretendia crear.

Pero al generarse mujeres descendientes de esas familias pero pobres, que no podían reunir para su dote, algunas mujeres fueron armando casas donde se les enseñaba a las doncellas conocimientos rudimentarios, cristiandad y ejercitarlas en el tejido   de algodón para  con el trabajo honesto tuvieran la oportunidad de formar esa dote que era necesaria para cantraer matrimonio, poniendo su mano al servicio de los hombres y su espíritu al servicio del señor.

Sin embargo, los reyes negaban la fundación de monasterios femeninos en América, al mismo tiempo que  España estaba sembrada de ellos. Cómo explicar esas reiteradas negativas en el Nuevo Mundo. El fin en América era poblar y realizar un transplante religioso-cultural y sólo con mujeres blancas de origen noble se podían constituir hogares cristianos. Tan valiosas como escasas eran las mujeres como para encerrarse a rezar. Esa fue la causa de que las fundaciones femeninas se retrasaran mientras que desde el primer momento del descubrimiento estuvieron presentes religiosos en las expediciones.

Primeras monjas en Buenos AiresAunque hay quien afirma que los  monasterios surgen en el siglo XVIII como una expresión más de las diferencias sociales que aparecieron como consecuencias de las reformas borbónicas y la jerarquización de Buenos Aires que éstas trajeron. Un nuevo sector reservado para la gente noble y con limpieza de sangre al que no podían acceder mulatos libres que habían logrado ascenso económico  gracias a las actividades artesanales, y mucho menos quienes llevaban sangre negra o  indígena. Tanto el convento de Santa Catalina fundado en 1745, como el de Nuestra Señora del Pilar de 1749 son reservados para las familias aristocráticas.

Para ingresar al convento las normas establecidas en el Concilio de Trento exigían vocación, vida y costumbres morigeradas, al menos quince años de edad, aptitud física para poder observar las reglas, no ser casada, legitimidad de nacimiento, limpieza de sangre y el pago de una dote. En caso de las catalinas se diferecia el valor de la dote ya se tratara de monja de velo negro o blanco.. Respecto de la legitimidad para la admisión de religiosas de velo negro. Las pocas excepciones admitidas se hicieron sobre la base de que cuando menos los padres fueran españoles y solteros en el momento de la concepción.De no tener suficiente para la dote, la priora y su consejo podían conceder una reducción por saber tocar el órgano o el clave, o por tareas a las que se comprometiera su familia

Será necesario descubrir el entorno de estas fundaciones, analizar el lugar de la mujer en esa sociedad hispanocriolla del siglo XVIII para comprender los motivos que las llevaron a recluirse de por vida. Y el encierro era tan estricto que no podían ser vistas, solo escuchadas a través de barrotes y un velo, si enfermaban el médico ingresaba con el obispo y si morían se las inhumaban dentro del predio.

El matrimonio era un acto ritual, sin amor, ni consenso, que apostaba a la descendencia, un pacto de intereses y conveniencias familiares. Así las costumbres instituían  que pasada cierta edad sin contraer matrimonio o en su defecto sin tomar los hábitos una mujer sería mal vista.

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En esa sociedad la devoción trascendía  en las costumbres y en el cotidiano vivir, desde la cuna al sepulcro la Iglesia legaliza, organiza y registra los actos más importantes de la vida. Los toques de la campanas regulaban las tareas, y señalaban las horas. El rezo del rosario era rito indispensable en el hogar. La bendición al levantarse y acostarse de padres a hijos, la bendición de la mesa, la concurrencia a misa -no solo dominical- y la frecuentacion de los templos para novenarios eran norma  como la de participar de procesiones. En la misa el celebrante aprovechaba para comentar, alabar, fustigar, orientar sobre los sucesos de la semana.

Las vocaciones en ese ambiente de tanta religiosidad no era difícil que prosperaran. La profesión de fe era considerada tan noble como abrazar las armas para aquellas familias y  en lo religioso las oraciones de una monja ayudarían a la salvación de sus almas.

Teniendo en cuenta el rígido sistema paternalista vigente entonces, la mujer que deseaba ser dueña de su vida y oponerse al candidato prefijado por sus padres, se convertía en una contestataria, a la que no le quedaba otra solución honesta que tomar los hábitos.

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Otros autores considerando la pobre posibilidad de vida intelectual activa que les ofrecía el mundo, mencionan como motivo para ingresar a un convento, el buscar alguna forma de realizarse como personas, encontrar un escape para expresar potencialidades intelectuales y aún su genio literario como en el caso de Sor Juana Inés de la Cruz. Pero en el caso de  las catalinas no había lugar para efectos personales, una biblioteca personal, ni licencias en la oración por motivos de creación intelectual. Además relevada su biblioteca todos los libros giraban en torno de lo bíblico, liturgico y la vida de lo grandes santos. La vida dentro del convento es contemplativa, dividiendo su día en oración, trabajo y estudio, pero una instrucción que alimente la oración, sobre teología y sagradas escrituras por lo que no quedaria comprobada la hipotesis  del móvil intelectual  en relación a nuestras primeras monjas.

Si bien las catalinas cordobesas se dedicaron a la instrucción de niñas durante los primeros 150 años, observando las madres fundadoras de Buenos Aires que eso podría distraer la atención y generar inconvenientes por estar ocupadas en esa labor, persuadieron de la incompatibilidad de ocuparse de ambas vidas.

Y no se pueden descartar motivos tran triviales como el económico, ya que se necesitaba la mitad de la dote para tomar los hábitos que para casar a una hija.

Pero nos engañamos si buscamos solo motivos a través de la razón. La sociedad ha cambiado radicalmente, hoy la mujer ocupa los más diversos roles, de acuerdo a su capacidad y voluntad, es totalmente libre para manejar su vida, y sin embargo,  las dominicas de clausura no han desaparecido, aún más, se han multiplicado por siete  las casas que tienen en nuestro territorio.

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Desvanecidos los motivos arriba mencionados debemos encontrar los esenciales que llevaron a aquellas criollas y que perduran en las jóvenes que hoy deciden imitarlas, y que tal vez no comprendamos. Ellas hablan de un llamado de Dios, a la sencillez, a la simplicidad, al amor a la verdad, a la felicidad, a la oración litúrgica cantada, a la vida en fraternidad, a una comunión con Dios. Llamadas por Él a ejemplo de María, permanecer cerca del Señor y escuchar su palabra.

Las fundaciones en América se dicidieron por conveniencias o necesidades, no por motivos de carisma de una orden.En Buenos Aires se pensó en las carmelitas descalzas, pero en sus reglas no permitían más de veinti una; trinitarias, por el nombre de la ciudad, pero era necesario traerlas desde Lima, por lo que finalmente se decidieron  por las dominicas que se podían trasladar con menos inconvenientes desde Córdoba, el primer convento femenino en el territorio argentino.

Primeras monjas en Buenos Aires
A la derecha se ve la fachada actual de la iglesia Sta. Catalina de Siena.

Según el padre Torres Briseño, el fundador del convento de Buenos Aires, "mi ánimo ha sido siempre hacer una fundación media entre descalzas y calzadas; de suerte que de éstas excluya lo profano que vive muy vecino de la relajación; y de aquellas se logre lo penitente sin extremosa austeridad" destaca Cayetano Bruno.

Con las dominicas se concretaron sus deseos. Si bien es una orden esencialmente contemplativa, de censura, que como todas establecen sus votos de obediencia, castidad y pobreza, ésta no resultó tan extrema como  la planteada por las capuchinas. En el convento de Nuestra Señora del Pilar la austeridad se manifestaba en no tener propiedades, en la comida, en los hábitos rústicos, en la incomodidad de su colchón. Esta diferenciación de la vida conventual, junto con el requisito de una mayor dote que exigía Santa Catalina, explicaría en parte la diferencia procedencia social de las aspirante a cada convento.

En la vida de las dominicas por ejemplo no eran tan duros los ayunos porque era necesaria una buena salud para trabajar, rezar y servir a Dios con fuerzas y alegría.

Primeras monjas en Buenos Aires

Recordemos que  Santo Domingo primero creó la orden de las monjas de clausura y luego la orden de los predicadores para que ellas hablaran con Dios y ellos de Dios. 

El convento se dedica a Santa Catalina de Siena, se conserva se ve en izquierda de  su imagen por Fray Juan Bautista Maíno de 1612- 1614.que hoy se encuentra en el   Museo del Prado.

Se dedican a la oración a la que le dedicaban 8 momentos del día en la vida dentro del claustro, para consagrar la gloria de Dios, la edificación de la Iglesia y para salvación del mundo, pero separadas de él. Este alejamiento no significa un desinterés por las cosas del mundo, sino un apartarse para tener el alma más sensible a lo que Dios dice, en el silencio lograr mayor conexión con él y así estar más atentas a las necesidades de los hombres, más que ellos mismos, que están envueltos en el torbellino y aturdimiento de la vida.

Ellas se sienten orgullosas de su amistad con Dios, pues en la vida de su casa han tenido muestras muy valiosas de su apoyo y protección, tanto en 1807 cuando sufrieron las invasiones inglesas, en las que sufrieron saqueos y destrozos pero ellas  fueron respetadas, como en la década del 1820, con las reformas rivadavianas.

En su fundación estaban a 8 cuadras de la Plaza de Mayo lo que se consideraba alejada del

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centro y con esa misma intención la orden en 1974 se trasladó a San Justo. Allí como símbolo de su alejamiento del mundo material conservan aún las rejas que las separa en la capilla como en el locutorio. Ya no son los enrejados entre los muros para escuchar misa sin ser vistas o las rejas de madera y colocado un lienzo en la nave detrás para asistir a la celebración. Aunque mantienen las rejas en la capilla son muy ornamentales solo representando su voluntad de entrega a Dios. Además su comunicación  con el mundo se hacía a través de los tornos. Hoy recurren al portero eléctico, el buzón y el teléfono.                          Molde de las hostias para la Eucaristía

También recurren a  la tecnología  para un sistema de parlantes que les  permite llevar las lecturas piadosas a cada rincón del convento. Así la que esta en la cocina, como las que están en el taller común encargándose de la restauración de imágenes, de encuadernar, de proparar la vestimenta para los sacerdotes de la orden y de otras, de elaborar las hostias para la Eucaristía, de confeccionar ornamentos o estatuillas de yeso se ven acompañadas de lecturas que le ayudara a tener el corazón y la mente en Dios. Lo mismo que en las comidas, permaneciendo en silencio, alimentan su cuerpo y el espíritu.

Laboralmente las dominicas de hoy son más activas que las precedentes porque además de las actividades propias deben repartirse las tareas de cuidado de la casa que lo hacen por turnos. Mientras en la colonia ingresaban sirvientas y esclavas donadas a las que se le impartía ordenes para las actividades más duras.

En la colonia bordaban, la madre priora regalaba los trabajos a algunas autoridades que llegaban de visita o a los benefactores, pero no era necesario para el sostenimiento del convento, que se satisfacía colocando el dinero de las dotes a censo al 5% anual a través del alquiler de algunas fincas. El monto de la dote  se usaba para el vestido, el calzado, comida, gastos médicos (botica, sangrador) y capellán.

Algunas se dedicaban a la literatura, a la poesía (se conservan obras de una de ellas, Sor Cayetana del Santísimo Sacramento) y a la música.

Las tierras del convento llegaban a la orilla del Río de la Plata de allí que el barrio actual toma el nombre de nuestras primeras monjas.

Primeras monjas en Buenos Aires
Los requisitos exigidos actualmente para incorporarse al  convento variaron: salud física,madurez psicológica proporcionada a la edad, recto juicio, carácter abierto e idoneidad para la vida comunitaria.

De las 97 monjas que profesaron desde la fundación del convento hasta 1810, una tomaba el velo blanco de cada siete de velo negro, que eran entre las que se elegía priora. Dieciocho accedieron al cargo de Priora, algunas en más de un período y doce de ellas pertenecían al sector social más alto: los padres de ocho de estas monjas tenían grado militar, tres fueron miembros del Cabildo, uno llegó a Gobernador, uno se desempeñaba como comerciante, tres pertenecían a la Tercera Orden de San Francisco y uno era Caballero de la Orden de Santiago.

El convento ha dejado de ser el espejo de una sociedad jerarquizada donde las desigualdades se planteaban a través de los distintos velos, negro si se dedicaban a los oficios más nobles o blanco que hacían trabajos corporales. Se incorporaban señoritas con  sus sirvientes y esclavas, además, se justificaba que sólo las más relacionadas con la élite llegaban a prioras, pues se requería de mayor educación para tener a cargo el manejo de un grupo grande de mujeres, el manejo económico del convento y los conocimientos de las reglas y constituciones, del latín y de la liturgia debían  ser excelentes, ya que era su deber supervisar todo lo que ocurría  en el convento.

Durante todo el período colonial ingresaron 12 monjas de velo blanco (sobre un total de 97) al monasterio de las Catalinas.

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La clausura y la vida de oración, como ya dije,  son los rasgos distintivos de esta orden. La primera representa el sacrificio perpetuo de la libertad personal, de la belleza física, del talento natural, del deseo de brillar, de las conversaciones, halagos y comodidades del siglo. este completo alejamiento del mundo es indispensable a su alta vocación a la  vida contemplativa y de incesante oración.

Pero las dominicas de clausura de hoy como ayer, aspiran a la perfección cristiana por medio de sus votos perpetuos de obediencia, pobreza y castidad; de la reflexión mística; de renunciar a todo para ser voz de todos los que no rezan porque no saben o porque no quieren; de entregar sus vidas a Dios, por amor a Dios y a los hombres.

La Iglesia de Santa Catalina de Siena, en San Martín esquina Viamonte, fue declarada Monumento Histórico Nacional por Decreto 120.412 del 21 de mayo de 1942, mientras que el Monasterio recibió similar distinción por Decreto 369 del 18 de febrero de 1975.

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